Convivir con refugiados saharauis

Nuestro compañero Odei González llenó su maleta con 30 kilos de comida, ropa y herramientas para los refugiados saharauis

Salamu, centro, tiene ahora 26 años, pero con 13 fue acogido por la familia de Iñaki Lebrero (dcha.) en Pamplona y Odei González ( izda.) le conoció entonces.
D.N.I.
Nombre

Odei González.

Fecha de nacimiento

14/07/1990.

Puesto

Montaje.

En Volkswagen

desde 2009.

Hay personas que aprovechan sus vacaciones para hacer algún tipo de voluntariado, además de turismo. Es el caso de Odei González, compañero de Montaje, que viajó hasta Argelia para convivir con los refugiados saharauis. 

El 30 de marzo de este año comenzó su viaje junto a su novia, Amaia Lebrero y la familia de esta. El padre de Amaia, Agustín Lebrero (Revisión Final), y su hermano, Iñaki Lebrero, también trabajan en Volkswagen Navarra. El segundo se formó en Volkwagen Academy en Mecatrónica y actualmente es aprendiz en Chapistería.

Odei cuenta que fue su novia la que le ‘enganchó’ a estos viajes solidarios al pleno desierto. “La familia de Amaia ha acogido durante varios veranos a niños saharauis en su casa a través del proyecto ‘Vacaciones en paz’ de ANAS (Asociación Navarra Amigos del Sáhara). Yo he conocido a algunos de esos niños y estos viajes al desierto se organizan desde la asociación para que podamos visitarlos y alojarnos con sus familias”, explica Odei.

Odei González ha podido convivir por segunda vez con algunos de los refugiados que conoció en su anterior visita hace 8 años.

Hacía 8 años que no visitaban los campamentos de refugiados saharauis. Para Odei es la segunda ocasión. Allí se reencontraron con Salamu, el primer niño que acogió la familia de Amaia y que conoció Odei. Por aquel entonces, Salamu tenía 13 años y, en esta última visita a su humilde hogar, se encontraron a un joven de 26. “Nos hace mucha ilusión poder volver a verlos”, dice.

Estos campamentos de refugiados se encuentran en el territorio de Argelia, lugar que les acogió tras una forzada huída de su país de origen, Sáhara Occidental, cuando en 1975 España se retiró de la que fue su colonia, facilitando así la invasión por parte de Marruecos. “Llevan aquí, en medio del desierto, más de 40 años sobreviviendo gracias a la ayuda humanitaria. Una gran muralla minada, construida por Marruecos, les aleja de su hogar. Están esperando una respuesta internacional para poder volver a casa en paz”, cuenta Odei.

La vida de los saharauis

“La gente es muy agradable. Vas paseando y se acercan a ti para darte la mano y saludarte. Se prestan a todo. Por ejemplo, ellos comen con las manos pero saben que nosotros lo hacemos con cubiertos. Pues hacen lo que sea por facilitarte unos, aunque les digamos que no es necesario”, cuenta. 

Antonio Lebrero (dcha.) Iñaki Lebrero (izda.) y Odei González (abajo) instalaron el sistema eléctrico de una casa del campamento alimentado por una placa solar, para que la familia saharaui pudiera disponer de luz. 

Por su parte, los visitantes también se adaptan a la situación. “Apenas podemos lavarnos durante la estancia, tienen muy poca agua y no queremos derrochar”. También tienen que respetar el toque de queda de las 12 de la noche. “A las 7 de la tarde, los extranjeros tenemos que estar cerca de la casa de nuestra familia saharaui”, explica Odei. En los últimos años el riesgo de terrorismo ha aumentado. “Ya no recomiendan alejarse para visitar las dunas porque puede ser peligroso”, asegura.

En los campamentos no disponen de suficientes medios. Por eso, los 30 kilos que pueden llevar por maleta los cubren con ropa, comida y todo tipo de útiles que los saharauis necesitan. “Apenas llevamos ropa para nosotros, no es necesario. Salamu se gana la vida reparando coches o averías en las casas (que son jaimas, o de adobe, o de chapa). Es muy hábil, pero no tiene medios. Por eso, le he traído un taladro y otras herramientas”, detalla. 

Se estima que alrededor del 60 % de la población de los campamentos de refugiados son menores de 30 años, según ACNUR.  

En esta ocasión, gracias a Iñaki Lebrero, especializado en Mecatrónica, pudieron instalar en una de las casas un sistema eléctrico con placa solar. “En la casa de otro de los niños que acogieron en su día, no tenían luz. Iluminan con el móvil. Aunque es paradójico, esto sí tienen la mayoría de ellos. Ahora hemos creado un grupo de WhatsApp y así podemos estar en contacto”, comenta Odei. 

El viaje finalizó el 7 de abril, pero ya están pensando en la próxima visita. “Esto es algo que engancha. Si vas una vez, vuelves seguro”, afirma Odei. 

Dónde están

Los campamentos saharauis se sitúan cerca de la ciudad argelina de Tinduf, al suroeste del país. El vuelo de Odei partió de Madrid, hizo escala en Argel, y desde allí salió otro avión hasta Tinduf, donde hay un aeropuerto militar.

La zona en la que se sitúan los campamentos se llama ‘hamada argelina’. Esta es una extensión muy amplia y llana, un pedregal con temperaturas extremas, donde no hay apenas agua ni vegetación.

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