Tanzania: unas vacaciones para ayudar a los demás

Nuestra compañera Joana Arístregui, de Montaje, completó el pasado verano un viaje con una importante carga solidaria: estuvo en el país africano ayudando a los niños de un poblado, un orfanato y una escuela.

D.N.I
Nombre y apellido

Joana Arístregui.

Fecha y lugar de nacimiento

22 de diciembre de 1982, en Pamplona.

En Volkswagen Navarra

desde julio de 2002.

Puesto actual en la fábrica

en ZP6, en Montaje.

Lejos del glamour que destilan los mensajes de las agencias de viajes más comerciales y de los grandes cruceros de lujo, existen opciones vacacionales que aúnan dos elementos realmente atractivos: conocer espacios y formas de vida completamente diferentes a los nuestros y poder echar una mano a personas que viven en estados de verdadera necesidad, sin apenas medios.

Esta opción fue la elegida por nuestra compañera de Montaje Joana Arístregui, que en verano de 2019 cumplió un deseo perseguido durante años: “Siempre había querido hacer un tiempo de voluntariado en un país de este tipo, y llevaba unos años mirando por Internet y por redes sociales proyectos interesantes en los que yo pudiera echar una mano”. 

Después de buscar bien y analizar actividades, comunidades y destinos, Arístregui fijó su punto de mira en Tanzania: “Encontré varios sitios para ir. Los dos primeros para el mes de julio y el tercero para el mes de septiembre. El primero, fue un pueblo llamado Kiberashi, a 12 horas en autobús de la capital del país, Dar Es Salam. Allí también estuve con los niños de una aldea masai que estaba cerca, en Elerai. El segundo, un orfanato de niños de un matrimonio masai ubicado en Arusha. Y el tercero, una escuela de niños que llevaba una chica española en la isla de Zanzíbar, en un entorno natural precioso”. 

Las imágenes de verdadera necesidad fueron una constante en los dos primeros destinos: “En Kiberashi viven con muy poco, con una vida muy dura y con casas hechas de palos y barro. En el orfanato de Arusha me dedicaba a ayudar en todo lo que podía. En clase con los pequeños, preparando la comida, sirviendo, ayudando a los pequeños a leer en inglés… Estaban unos 40 niños y siempre había cosas que hacer. Dormía allí y había que hacer todo. Había mucha necesidad. No tienen prácticamente nada, incluso un globo les parece toda una maravilla para jugar”.

Arístregui, con un grupo de niños, en las inmediaciones del orfanato de Arusha.

Posteriormente, en septiembre, y tras unos días de descanso en agosto en Tanzania y Uganda, donde recibió la visita de su marido y pudo realizar varias excursiones, Arístregui pasó a dedicar su tiempo en una escuela de niños: “La llevaba una chica española y es cierto que tenía más medios que el orfanato con el que había colaborado en julio. Tenía un mayor número de personas voluntarias, más ayudas económicas, niños que tenían más posibilidades, era otro nivel. A las mañanas ayudaba en todo lo que podía en la escuela y ya por la tarde intentaba disfrutar un poco de las zonas naturales que tiene la isla, sobre todo de sus playas”.

Arístregui, rodeada de niños, en la escuela ubicada en la isla de Zanzíbar.

A la hora de hacer balance de su estancia en África, Arístregui reconoce que le abordan varios sentimientos encontrados. “Por un lado, te sientes bien porque les ayudas y les echas una mano en muchas situaciones, pero al mismo tiempo también te enseñan mucho. Por ejemplo, a valorar pequeñas cosas, como un simple plato de arroz. En el orfanato ubicado en Arusha, con una cazuela grande de arroz o maíz comían todos y aprecias de primera mano la verdadera necesidad que viven muchos niños pequeños”.

Arístregui sostiene a una niña de Tanzania entre sus brazos.

Su estancia en África no ha sido la primera vez que Arístregui dedica su tiempo a libre a salir de su día a día en Pamplona y a poner la mirada en otras personas necesitadas. “Hace tres años, en diciembre de 2016, estuve también en los campamentos de refugiados saharauis. Desde la fábrica varios compañeros llevamos furgonetas con material, ya que hay dos chicos de Motores que son de allí. Fuimos por nuestra cuenta y estuvimos en su casa. Llevamos juguetes y ropa que aquí ya no se les da valor y que allí son muy valorados. Fue una buena experiencia”. 

De cara al futuro, nuestra compañera de Montaje mantiene intacto su espíritu solidario y aspira a repetir esta experiencia: “Sí que volvería a intentar ayudar. Mi madre siempre me dice que yo sola no puedo cambiar el mundo, y tiene razón, pero siempre le digo que entre todos sí que podemos ayudar a que el mundo sea un poquito mejor, y que si hacemos lo que está en nuestra mano alguien podrá ser feliz. Con un poquito aquí haces mucho allí”. 

Proyecto Osiligi: tender la mano a través de Teaming

A su regreso de tierras africanas, Joana ha iniciado, a través de la página web Teaming.net, el Proyecto Osiligi (en lengua masai, Esperanza), una iniciativa que nace con la idea de recaudar fondos para el pueblo masai que conoció en Kiberashi, durante su viaje a Tanzania. “Cada persona que se suma a la iniciativa aporta un euro al mes al proyecto. Me gustaría dedicar el dinero que vayamos recaudando a cambiar los cubos de agua que emplean a diario por un buen tanque de agua y a ayudarles con sus casas, que son de palos y barro, para que puedan llegar a ser de ladrillos”, explica Arístregui. 

Un grupo de jóvenes, durante una ceremonia típica de las aldeas masai, en la que se representa el paso de la infancia a la juventud.