Ver, pero no tocar. Crónicas de un universo bajo el agua

Nuestro compañero Andoni del Moral (Montaje) viaja a todos los rincones del mundo para disfrutar del fondo del mar, donde habita el 97% de la vida del planeta.

A 5 metros de profundidad en el Mar Rojo, (península del Sinaí, Egipto).
DNI
Nombre

Andoni Moral.

 

Lugar y fecha nacimiento

Pamplona, 5 de febrero de 1972.

 

En Volkswagen

Desde 1990.

 

Puesto

Taller de Montaje.

Entró en Cruz Roja con 14 años y, al cabo de dos años, empezó a ir en la ambulancia y sentirse atraído por el mundo de la urgencia. Cuando más tarde pasó a formar parte de la DYA, empezó a conducir la ambulancia y, tras formarse en buceo —con 20 años recibió su primer cursillo—, comenzó a participar en operaciones de rescate como parte del Grupo de Salvamento Acuático de la asociación, al frente de cuyo equipo ha estado 12 años. Así fue como se introdujo en el mundo del submarinismo, que hoy ha convertido en el centro de su tiempo de ocio. En la actualidad dirige su propio club de buceo e imparte cursos con los que cubre los gastos del club y obtiene un pequeño extra para pagar sus escapadas, a través de las cuales ha practicado submarinismo por todo el mundo. “Ahora, mi modo de viajar es casi siempre unido al buceo, generalmente en un ‘vida a bordo’, que es la mejor manera de aprovechar el buceo y el viaje, que suele durar una semana o dos. Cuando estás en un hotel, buceas alrededor de ese hotel. En cambio, si vives en un barco, buceas en muchos más puntos, por lo que conoces varios ecosistemas diferentes y, dado que no necesitas desplazarte —pues vives, comes y duermes en ese barco—, te cansas menos. En esos viajes también conoces gente de la tripulación (son grupos de 16-20 personas), bajas a tierra y te relacionas también con personas oriundas de los sitios a los que vas”.

En una sesión de buceo en Maldivas, observando el baile de una manta diablo de arrecife.

Lugares que ha recorrido buceando

Ha buceado en Indonesia, en Filipinas, en Tailandia, en Maldivas, en Venezuela, en Costa Rica, en México… y a algunos de esos lugares ha vuelto varias veces, como es el caso de Egipto, donde ha estado en 24 ocasiones. “Egipto es el mejor destino desde el punto de vista calidad-precio. Es el arrecife más cercano, el vuelo es muy rápido y la cantidad de vida que hay allí es impresionante. Por algo es uno de los mejores puntos de buceo del mundo. Además de la explosión de color que supone, el Mar Rojo ofrece la ventaja de que, como ningún río muere ahí (todo muere en el Nilo), no tiene materia de suspensión en el agua y permite una visibilidad media de 30-40 metros”.

Uno de los viajes que recuerda con más cariño y donde ha visto la mayor biodiversidad es Komodo, una isla de Indonesia que es reserva natural, ubicada en las islas menores de la Sonda. “Allí podías ver bancos de peces de todos los tamaños, corales, tiburones, mantas…”.

Como destino ideal para ver tiburones ballena recomienda la isla de Holbox, en México, donde ha estado tres veces. Entre julio y septiembre se producen allí concentraciones de 300, 500, 700 peces ballena, donde permanecen tres meses para comer. “Tengo una experiencia grabada en mi mente: un momento en que tenía alrededor cinco tiburones ballena de 6-8 m y tres mantas diablo de 2,5-3 m comiendo. Y yo allí, solo en medio del mar. Son tantas las sensaciones a flor de piel… Vida primigenia en estado puro, sin alterar. Nosotros somos meros espectadores, no hay que tocar nada —solo con tocar a un tiburón eliminas la película que lo protege de los parásitos—, y tenemos el deber de divulgar lo que hay ahí abajo, para concienciar a los de aquí arriba de que no hay que tirar cosas al mar”.

Próximo destino: Revillagigedo

Su próximo viaje será al archipiélago de Revillagigedo, un grupo de islas volcánicas en el Océano Pacífico, cerca de la Baja California (México). “Es un ecosistema único, que incluye tiburones martillo, tiburones tigre, tiburones de punta blanca oceánica, tiburones ballena, ‘galapagueños’…, además de delfines, nubes de jureles y barracudas, atunes y gigantes o mobulas, las mantas más grandes del planeta”. 

Además de conocer ecosistemas y de aprender, en sus viajes busca desconectar. “Sobre todo me gusta esa tranquilidad, esa paz. No solo debajo del agua, también sobre ella: en un atolón, un paisaje o un atardecer en la península del Sinaí”. z